A comienzos de la semana pasada, durante los últimos días de agosto, estuvimos realizando un recorrido por la costa de Rumipal, con motivo de una investigación sobre los yacimientos arqueológicos de asentamientos aborígenes en nuestra localidad. Uno de estos sitios se encuentra frente a la playa de cemento del Balneario Municipal Rumipal y la pequeña ensenada que sirve para amarrar las embarcaciones a un costado de la misma, donde además existe una plataforma y un mirador que domina la parte sur del balneario. En esa dirección, sumergidos bajo el lago, se encuentran los restos de una antigua población comechingona; tal vez, un cementerio indígena. Mientras bordeábamos el playón, hubo un hecho que nos llamó la atención: decenas de mojarras muertas a orillas del lago.
Al principio pensamos que se trataba de algún hecho relacionado con el bajo nivel de agua que se observa en el Embalse Río Tercero para esta época del año. La mencionada playa de cemento aparece descubierta en su totalidad. En épocas de crecida, queda completamente sumergida. Quizás, la falta de oxígeno, producto de un estancamiento en la ensenada, produjo la muerte de los peces. Sin embargo, nos quedó la duda. Hoy regresamos nuevamente al lugar, y encontramos la misma cantidad de peces muertos en la orilla del lago. El mismo hecho está aconteciendo en otros lugares.
En los últimos días, los medios se han ocupado de la cuestión. La televisión regional realizó un informe al respecto. Ayer, el diario La Voz, de la ciudad de Córdoba, publicó una nota sobre la preocupación que existe tras la aparición de los peces muertos. En la vecina localidad de Villa del Dique, “Este diario comprobó la existencia de un centenar de mojarras muertas en un tramo de unos 20 metros de costa”, mientras que advirtió “más ejemplares en el mismo estado, aislados, en la misma zona, y algunos de ellos moribundos.”
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