Mientras sigue abandonada, la Estancia San Ignacio revela nuevos datos
Pocos kilómetros al norte de Villa Rumipal, entre las actuales poblaciones de Santa Rosa y Amboy, se encuentran las ruinas de la que fue la única estancia que tuvieron los jesuitas en Calamuchita, hace 250 años. También, la única que no quedó en pie.
Mientras otras estancias de esta orden religiosa son un atractivo para el turismo mundial y reciben aportes para su conservación, los vestigios de la Estancia San Ignacio de los Ejercicios se pierden en el abandono. Y sin embargo, sobre lo poco que queda, investigadores le han dedicado cuatro años de trabajo a reconstruir su pasado. Las conclusiones que obtuvieron revelaron datos hasta ahora desconocidos.
La investigación surgió como iniciativa del Laboratorio de Sistemas de Información Geográfica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), y fue ejecutada por profesionales de distintas áreas: un arqueólogo, un geólogo, un ingeniero civil y un biólogo. El trabajo interdisciplinario se desarrolló integrando la "arqueología aérea" con los "sistemas de información geográfica". Estos métodos, por su complejidad, son poco usuales en Córdoba y en el resto del país. Ninguna estancia de la provincia, ni las que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad, ha sido estudiada con esta metodología, hasta ahora. La de San Ignacio fue analizada especialmente. Y los resultados plantearon una nueva hipótesis sobre la dimensión real de lo que producía esta estancia.
La explotación agrícola de San Ignacio era inmensa, comparada con lo que dicen los registros históricos. Mientras que los trabajos anteriores, basados en documentos históricos, hicieron suponer que sólo se dedicaba a la ganadería, el trabajo del equipo concluyó lo contrario, y apoyaron su hipótesis en varios elementos. Por empezar, las dimensiones del depósito de granos.
“Hemos determinado cuál era la intención, la capacidad cuando los jesuitas planificaron la estancia, en su máxima expresión, y determinamos que la cifra era altísima, de 250 a 260 toneladas de maíz o trigo anual.”, comentó el arqueólogo Enrique Rossetto, investigador del proyecto y docente de la UNC, en una nota publicada por diario La Voz, de Córdoba.
Otro punto que sustenta la teoría es el impresionante despliegue del sistema de acequias para riego; que sólo se justifica si los jesuitas tenían pensado instalar semejante producción.
“Hemos determinado que había unos 35 kilómetros de canalización, que convierte a la San Ignacio en la más importante de todas las que había en Córdoba en sistema de riego, fundamentalmente pensado por el escaso nivel de precipitaciones.”, explicó Rossetto. Y agregó: “Algún detractor puede expresar que los indios también cultivaban maíz, pero el riego era necesario para lograr un rendimiento rentable. Muchos autores sostienen que la posición de los jesuitas era simplemente autosostenimiento, pero a partir de esta capacidad instalada se puede pensar que había algún proyecto de excedente hacia el futuro.”
La superficie de la estancia comprendía más de 3.500 kilómetros cuadrados y el área productora de cereales era de unas 800 hectáreas, entorno al casco central. Los jesuitas disponían de 239 esclavos; según el arqueólogo, una buena cantidad de mano de obra. Al parecer, suficiente para sostener tal emprendimiento.
En resumen, aplicando una nueva metodología, este grupo de especialistas logró reconstruir una ambiciosa explotación agrícola en San Ignacio, distinto de lo que se pensaba hasta ahora. Y quizás, pudiera haber más testimonios en las ruinas de esta estancia, aguardando ser descubiertos. Rosetto reveló que merced a las fotografías aéreas lograron descubrir otras estructuras, “anomalías en el paisaje”, creadas por el hombre. Sin embargo, el tiempo y la desidia –sobre todo el abandono- las están degradando.
Los vestigios de la Estancia San Ignacio no fueron incluidos en la declaración de “Patrimonio Cultural de la Humanidad” de la UNESCO1. No reciben atención alguna desde hace décadas. Los edificios se encuentran en un estado de conservación calamitoso. Tres de los ramales centrales de irrigación -las acequias- se encuentran en el ejido de Santa Rosa; apenas quedan ruinas.
“Yo veo que es necesaria la intervención urgente para la conservación de lo poco que queda. Al molino hidráulico, en 2004 lo encontramos en un estado bastante recuperable, le faltaba la superestructura de madera. En un segundo relevamiento que hicimos, en 2005, encontramos que estaba ya más deteriorado; habían intervenido los buscadores de tesoro que destruyen el patrimonio”, indicó Rosetto.
Cabe preguntarse entonces, por qué no se le presta atención a este lugar. Por qué el Estado o quien corresponda no interviene para salvaguardar este sitio. Un rico patrimonio histórico y cultural en Calamuchita que se pierde. Y no es el único; hay otros en el valle y la región en la misma situación.
Nota
1El 29 de noviembre de 2000 fueron declaradas “Patrimonio de la Humanidad" por la Asamblea Anual de la UNESCO cinco estancias jesuíticas del interior provincial cordobés: la Casa de Caroya (1616), las estancias de Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683), más el conjunto céntrico de la ciudad de Córdoba que comprende la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica, el Colegio Nacional Monserrat y la Casa de Trejo, también legado de los jesuitas.
cabanyasnahuel @ 12:55 Tags: calamuchita san ignacio jesuitas ruinas arqueología rumipal

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